Una cierta incertidumbre

3.12.04

Enseñanza

No miré a los costados. No esperé ayuda de nadie, no. No me importó nada, no pensé en riesgos o consecuencias. Lo único que supe hacer en ese segundo, fue lanzarme. Y lo hice! Ja! Nadie ponga eso en duda! Sensación que no conoce definiciones, sentí mis propios latidos precipitándose unos sobre otros hasta formar un latido único. Me arrojé sin miedos. Me arrojé a mí misma. Entera, sólida, completa. Y no. Me importó. Nada. Sólo quedó en mí el vértigo, vértigo, vértigo. Apoyé las manos contra la arena, el tobogán me había enseñado todo: ahora sé caer con suavidad.