Una cierta incertidumbre

12.9.05

Vuelta

De vuelta, gire, pare, no mire al costado, no oye lo que le digo, no da señales de vida, vuelve para volver, solamente para volver cada tanto, porque las cosas pendientes, porque así no se puede, porque este país ya no da para más, porque a veces hay que sacrificarse, porque los lugares comunes, sus opiniones comunes, vuelve para volver, démosle un aplauso bien fuerte en las mejillas, un aplauso con los puños cerrados, no es una amenaza no te confundas, vuelve para volver, para apagar la luz que no es gratis, el gas tampoco, vuelve para volver, con la única excusa válida posible: volver para quedarse pero cómo miente, vuelve para volver dice que vuelve para estar un rato más entre las polillas, vuelve para denunciar y anunciar que ama las polillas o por lo menos la palabra, vuelva, vuelva cuando quiera.

Cordialmente,

31.5.05

Había una vez...

...una historia que no fue.

Fin.

12.5.05

De espera se trata

Te voy a esperar simultáneamente en cada
esquina
boca de subte
parada del 161
Persicco abierto.
Voy a esperar porque a alguna parte vas a ir porque siempre estás yendo y viniendo porque no conocés lo que es mirar el piso y ver pies quetos. El reencuentro es previsible: cuando me veas vas a mirarme sin entender y decir disculpá me dejás pasar por favor y yo quizás te diga que no porque te tenés que quedar ahí y resignificarlo todo.
Voy a esperar porque alguna parte vas a ir porque siempre vas a estar ahí donde yo no estoy pero ahora que sé que esa es la regla, planeo esperarte simultáneamente en todo Buenos Aires y cuando llegues, cuando me llames por mi nombre porque lo sabés de memoria
(y mi teléfono
y los nombres de mis hermanos
y cada curva de mis huellas digitales),
vas a decir estás igual que siempre no cambiaste nada seguis siendo la misma y yo voy a decir que sí sólo para no contrariarte pero no vas a entender lo que digo. Creo que me entenderías si alguna vez me hubieras entendido.

29.4.05

¿Cuál era la idea?

Inicialmente, improvisar.
¿Por qué no, entonces?
Pateando los primeros días de Mayo,
envuelta en un saco de otoño dosmilcinco,
arrojada al borde de una provincia Buenos Aires,
en un punto gris de humo y locura espiral,
detenida ante un parodetransportes vehiculizantes de Sentido,
digo que: No.

Basta de interrupciones calendáricas, baches de días días que pasan pasan sin pudor. Toc, toc, ¿alguien atento? Allá en el fondo, dejen de charlar. Yo de ahora en más, suelto la regla y escuadra y compás y todas las herramientas de exactitud milimétrica. Prometo desorden y sobre todo, prometo despromesas.
Lo que sigue, es periódico, constante y no tengo por qué hacer cerrar esta oración coherentemente, si no quiero

¿no te dije?

22.3.05

Dormimos.

En un girar a la derecha y reconocerte (o no (porque está oscuro (pero me valgo del tacto))) alcanzo a ver cómo empiezan a caer las láminas de luz desde la persiana que no está del todo baja y es la paz, la paz misma el saberte ahí, envolviéndome y saberme ahí, respirando tranquila hasta que vuelva a deslizarme hacia el sueño cinco minutos quizás veinte veinticinco treinta y sabernos ahí, esperando que el sol barnice la habitación donde estás vos envolviéndome y yo respirando tranquila o durmiendo un poquito nomás porque es tan temprano hasta que no es temprano y es de día y vos ahí y yo acá aplicando todas mis fuerzas a sacudirte agarrarte acariciarte alisar tus arrugas y saludarte: Buenos días, sábana.

1.3.05

Cosas del clima.

Afuera hacía un tiempo horrible (lo que es decir que hacía un tiempo pasado, porque no, no hay tiempo peor que el pasado, ahora que hay perspectivas y proyecciones y el futuro ya no es una fatalidad, el presente actualizado vale por todo ese tiempo horrible y pretérito, pasado pluscuamperf... no, pasado bien imperfecto, con todas las imperfecciones posibles e imposibles también porque la imperfección de lo anterior es total y perfecta, casi como si no se pudiera ser imperfecto de una manera mejor y con la objetivación distante del paso del tiempo, no me atrevería a ponerlo en duda justo hoy, palabra demasiado concreta y definitiva que sirve para tapar el antes frasquito de vidrio o cárcel perfecta tan imperfecta como el pasado mismo y menos mal menos mal menos mal menos mal que hay hoys) o no, creo que había sol.

14.2.05

Pecho tomado (desde el interior, móvil)

Entró caminando, así, como camina siempre. Lo primero que no vio fue la barrera baja, pasaba el tren que tren el tren de carga emotiva, y había que esperar pero no esperó. Pasó igual. Zona de baches e irregularidades varias. No miró el piso no vio las grietas no nada. Siguió de largo pese a las advertencias pegadas por todas partes. No pasar, pasó igual. Hizo caso omiso a todas las regulaciones internas de este (mío) espacio (mío) interno (mío) que pretendía seguir siendo (mío) y ya dejaba de serlo. La ocupación total del territorio tardó (fue un proceso largo y lleno de complicaciones) alrededor de unos 5 meses en completarse pero ya se informa que no quedan espacios que no hayan sido ocupados.

(rumores afirman que el suelo suspira cada tanto, alivio de saberse conquistado)

15.12.04

Fue por Plaza Congreso

Pateaba piedras rojas, estornudaba por el polvo. La señora de ojos sandía me dio la bolsita de maíz sin contar mis monedas. La retuve entre las manos con fuerza y fui corriendo a sentarme a un banco. Entonces vino una paloma y cumplimos solemnemente con el ritual: le di el maíz y a cambio me contó algunas historias. Tan inocente era por aquellos tiempos, que le creí todo. Quiso explicarme el significado del verbo volar. Decía, entre otras cosas, que volar no se conjuga con alas sino con ganas y que la gravedad, la aceleración, el roce y las fuerzas no le interesaban en absoluto. Cuando terminó de comer, sacudió la cabeza y alzó vuelo. Viéndola alejarse, parpadeé dos veces y seguí pateando piedras y estornudando por el polvo hasta el día de hoy.

En el medio creo haber crecido.

3.12.04

Enseñanza

No miré a los costados. No esperé ayuda de nadie, no. No me importó nada, no pensé en riesgos o consecuencias. Lo único que supe hacer en ese segundo, fue lanzarme. Y lo hice! Ja! Nadie ponga eso en duda! Sensación que no conoce definiciones, sentí mis propios latidos precipitándose unos sobre otros hasta formar un latido único. Me arrojé sin miedos. Me arrojé a mí misma. Entera, sólida, completa. Y no. Me importó. Nada. Sólo quedó en mí el vértigo, vértigo, vértigo. Apoyé las manos contra la arena, el tobogán me había enseñado todo: ahora sé caer con suavidad.

26.11.04


Te descubrí, caleidoscopio! Te descubrí mientras pronunciabas tu discurso y todos esos sonidos, vocales, consonantes -espejitos de colores- rodaban despacio por el aire, ocupaban los silencios, se acomodaban buscando la manera de decir lo que hace falta decir para que yo ceda. Pero no, caleidoscopio. Las formas hermosas que construís y destruís no me distraen lo suficiente como para hacerme olvidar que en el fondo, allá lejos en tu fondo, lo que brilla es solamente un montón de espejitos de colores.

10.11.04

Conclusiones

No se dio cuenta
No cedió nunca
No te dio espacio
Sí tedio, mucho.

26.10.04

Ahistórica y pretórica

Inentendiblemente, ayer a la noche, mentira, esto no pasó ayer a la noche, fue hace 3 meses. Era de día, pero no me pasó a mí sino a uno de mis amigos, amigos que no tengo porque no soy nada sociable. En realidad, lo leí en un libro que me prestaron hace 4 años. El libro me lo había prestado un excelente amigo mío, cuando todavía no nos conocíamos ni nos detestábamos tanto como ahora (con los años, se convirtió en uno de mis peores enemigos). Fue hace unas 2 o 3 semanas, en la costa. Me acuerdo perfectamente: eran las 4 de la noche, el cielo estaba despejado, el sol radiante. Y de no haber sido por la lluvia y el frío de afuera, me habría puesto una malla y hubiera salido a descansar un rato a la playa de estacionamiento de Junín y Riobamba. Por desgracia, no pude porque - momento. Me dispersé.

Como decía: inentendiblemente, ayer a la noche me acusaron de mentirosa compulsiva. Menos mal que es cierto.

8.10.04

Rehaciendo

Hago un balance contable de todas las relaciones humanas que tuve y tengo. Reviso la información. Apoyo el lápiz sobre el papel, en la columna del Debe (y no le hago caso, ya no debo ni sigo voluntades que no sean las más), reveo con tranquilidad la cifra. Sonrí­o. Paso al Haber (avisado antes, si hubiera sabido que así­ iban a darse las cosas, habrí­a hecho todo exactamente de la misma manera) y no me dejo asustar por el rojo (de la ausencia)(el color de las luces de las sirenas de emergencia). Y finalmente, el Pasivo: ahí­ está, casi invisible, mi nombre indefenso, acorralado entre renglones y columnas, inmerso en el blanco vací­o, blanco vicio, vicio vací­o. Tacho mi nombre. Pasividad nunca más.

Trazo una raya al final de la hoja, apretando el lápiz con tanta fuerza que hago una grieta en la mesa. Sólo me falta completar el casillero correspondiente al total, pero no lo hago. Total da siempre lo mismo.

24.9.04

Sr. Juez:

Sé que mi caso no le sugiere una desgracia accidental, sino mas bien un acto premeditado. Pero no es así, permítame contarle la verdad:

Él era casi como cualquiera, tenía una sola particularidad: ciertas emociones lo hacían achicarse físicamente. Pasado el efecto de la angustia, la vergüenza, etc, recuperaba su tamaño normal. Pero a veces sus dimensiones se hací­an insignificantes. Acostumbrada a esto, decidí­ llevar siempre una lupa encima.

El dí­a de la tragedia, estábamos tomando sol en el pasto a orillas de un lago artificial. Discutimos, le grité y me quedé callada. Cuando me volteé ya no estaba. Automáticamente saqué la lupa y me puse a buscarlo. Lo vi, chiquitito, balanceándose sobre un tab de coca cola light. La culpa me oprimió el pecho. Arrimé la lupa para verlo de cerca, pedirle perdón. Y pasó.

Su Señorí­a, yo no sabí­a... solamente querí­a cuidarlo, progerlo. Siempre le tuve miedo a las llamas, al fuego, no era mi intención incendiarlo!!!

(fue la alianza macabra entre el sol y mi lupa)
(entre su diminutez y mis culpas)

15.9.04

Hoy me paro entre vos y yo a mirar el mapa
este Norte
O
este Sur
cuatro puntos cardinales
cuatro patas de una mesa donde se juegan mis cartas
(no correspondencia)
cuatro pies sobre la tierra
cuatro señales concretas de
cuatro afirmaciones
que ya no afirman nada.

El piso no me sostiene.